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Existen tres principales tipos de energía que consumimos en nuestra vida cotidiana: eléctrica, gas y gasolina. Todas contribuyen al calentamiento global, y por tanto, al cambio climático, sin mencionar al balance del ahorro familiar. De modo que conviene mucho eficientar su uso.

Energía eléctrica: Gran parte de la energía eléctrica que consumimos tiene su origen en la quema de combustibles fósiles (principal causa de acumulación de gases invernadero) y una fracción muy pequeña viene de fuentes limpias como la energía solar, eólica y geotérmica. Mientras estas proporciones no cambien, el consumo de energía eléctrica seguirá siendo un factor importante de impacto ambiental. Por ello, conviene seguir las siguientes recomendaciones.

  • "Si no lo estás usando, apágalo". Esta regla es la más importante y aplica a todo: luz, televisión, radio, reproductor de música, computadora, calefacción, plancha, aire acondicionado, etc.
  • Abre la puerta del refrigerador sólo el tiempo necesario, el aire frío que se escapa se traduce en gasto de energía.
  • La calefacción y el aire acondicionado son los peores derrochadores de energía eléctrica, úsalos sólo cuando sea muy necesario, si tiene regulador disminuye su intensidad un par de grados. Descubre qué alternativas naturales existen para refrescar o calentar tu casa (materiales aislantes, ventilación, árboles para sombra, diseño de espacios, etc.)
  • Considera alternativas tecnológicas para el ahorro de energía eléctrica como la captación de la energía solar y la iluminación por LED.

Gas: Otro combustible fósil cuyo uso debemos limitar.

  • Cuando se trata de ahorrar gas, ninguna alternativa supera al calentador solar para agua. Su alta eficiencia permite calentar el agua aún en días nublados. Requiere un gasto inicial, pero a largo plazo se convierte en un furte ahorro.

Gasolina: Gasolina, diesel, turbosina... todos son combustibles ampliamente utilizados. Dependemos mucho de ellos para transportarnos, sin embargo, son contaminantes y altamente ineficientes. Para quien habita en las grandes ciudades, resulta difícil evitar el uso del autotransporte. Aún así, hay ciertas prácticas que ayudan a disminuir el consumo de combustible:

  • En trayectos cortos procura andar a pié o usa bicicleta.
  • Opta por el transporte público en cada oportunidad.
  • Comparte el automóvil con la gente que conoces para ahorrar viajes  
  • Si tú conduces, acelera sólo lo necesario, así ahorras combustible (y frenos)
  • Si es tuyo el auto, dale mantenimiento regular para evitar la quema innecesaria de combustible y aceite
  • Opta por modelos compactos que den más kilómetros por litro
  • Existen algunos aditivos que incrementan la eficienicia del combustible, búscalos y utilízalos.

Recuerda, esto es para bien de todos y el futuro saludable de las nuevas generaciones.

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